|
La tradición de las cruces de Tonalá
Tras la oportuna intervención de el Apóstol Santiago en el momento
crucial de la batalla del Cerro de La Reina, determinante para decantar
la conflagración a favor de los peninsulares, una voz pacificadora , la
de Antonio de Segovia, mandó levantar una pequeña capilla en la cima del
cerro, para agradecer esta notable distinción del cielo, y así se hizo,
erigiéndose en aquel lugar la primera capilla, una que debió haber sido
de adobe y que no duró muchos años, pero ahí quedó la constancia. Todo
esto debió haber sucedido en el año 1530 puesto que un año después este
mismo franciscano funda eel primer convento en Tetlán.
Según cuentan las crónicas, ese mismo año de 1530, improvisando un altar
y en él una cruz, fue celebrada la primera misa del occidente de México,
en Tonalá, y siguiendo los relatos fue en el lugar que hoy ocupa la Cruz
Blanca. Resultó ser una misa concelebrada por tres frailes franciscanos
y en honor de la Santa Cruz, baluarte, justificación y punto de
referencia de las actuales celebraciones. Los franciscanos sembraron
esta semilla que sigue siendo uno de los pilares de las tradiciones de
Tonalá.
La errante Guadalajara, cuando de 1533 1535 tuvo asiento en Tonalá, fue
nombrada Parroquia y su primer párroco fue Antonio Coello,
constituyéndose así en una de las más antiguas del Obispado de Nueva
Galicia. Las aportaciones desarrolladas en la población por sus párrocos
es de una importancia determinante y un elemento clave para el
entendimiento de la profunda catolicidad que subyace en el alma del
tonalteca. Un ejemplo de ello, (…) fue el papel desempeñado por Don
Carlos Gonzáles Becerra, que impulsó el servicio de agua entubada en
Tonalá, cuando en 1950, se construyó un sistema de abastecimiento a
partir de la presa El Ocotillo localizada a poco más de dos kilómetros
al sureste. Se trata de agua rojiza o colorada que era conducida a la
población a través de una tubería de barro.
Más tarde se puso en marcha un sistema de captación y bombeo del
manantial Agua Caliente, a cinco kilómetros al noreste de Tonalá. Esta
agua, de notable pureza, se bombea a un aljibe intermedio en el Plan del
guaje y de ahí a otro que se halla en las inmediaciones del Cerro de la
Reina, desde entonces se distribuya a la población. En la actualidad, la
más importante fuente de suministro de agua es la laguna de Chapala. Del
Cerro del Cuatro va un acueducto a la planta de tratamiento y bombeo
conocida como Las Huertas.
Considerando que hasta 1970 Tonalá no era más grande que la extensión
que desplegaban las seis manzanas centrales a la redonda, y considerando
asimismo la ausencia, hasta recientemente de servicios públicos
generalizados, el sistema de suministro de agua, que en tiempos de
sequía constituían la única forma de contar con el vital líquido,
dependía de la serie de pozos abiertos en los alrededores de la
población.
La gratitud por esta bendición de la naturaleza y la solicitación a la
divinidad para que no fueran a secarse, fue la razón práctica por el que
a cada pozo le fue encomendada una cruz, de las que ya existían varias
entrando al siglo XX. La tradición continuó con la agregación de nuevas
capillas asignadas a diferentes pozos.
A la Capilla del Agua caliente le corresponden los pozos de agua
caliente. A la Cruz de la capilla fue encomendada la protección de la
fuente de San Antonio, que se le encuentra en el Cerro de la reina. Las
cruces de la Escondida y del Arenal corresponden a pozos que en la
actualidad pertenecen a la propiedad privada.
Los pozos de Tonalá, sustrato natural para el erigimiento de las
cruces
Uno de los pozos más conocidos es el de San Elías, ubicado al sureste y
llamado antiguamente el pozo de Tía Juana Pérez. Se localiza en el
interior del patio de la escuela secundaria estatal de Tonalá y aún
puede observarse la pilastra de ladrillo que señala su existencia.
El Pocito de Ocote, al sureste, adquirió notoriedad por las propiedades
ferruginosas de sus aguas. El Colorado, en el camino al rancho de la
Cruz y Coyula, en el noreste, es otro pozo que adquirió notoriedad por
la construcción en piedra de su brocal y los beneficios que dispensó
antaño a los tonaltecas, por la calidad de sus aguas, espesa y de color
cadmio. Que, en la actualidad, está prácticamente en extinción, por la
codicia y venalidad de los especuladores inmobiliarios.
Otro pozo de añeja memoria es el de San isidro, al sureste de Tonalá, al
pie de la loma conocida como el Gorupo, famoso por la tersura, limpidez
y pureza de sus aguas, que hoy se encuentra en medio de una zona
poblada.
En el oriente, en un llano conocido por la calidad de sus tierras
blandas, idóneas para el trabajo de la loza, está el pozo de
Castiabenita, que quiere decir por el rumbo de la casa de la tía Benita.
Por el norte, el pozo de Castiochepe, con sus aguas zarcas, vibradas y
límpidas; al norte y al poniente, los de La Escondida y el Pocito del
Ocote; al poniente, La alberca y El Arenal, al sureste. Otros pozos
conocidos son los de La Sillita y El Zalate. Todos ellos, una vez que
los tonaltecas fueron convertidos al catolicismo, fueron protegidos por
cruces de madera y fungieron como bases para la construcción de capillas
hechas con petates y manteados sostenidos por carrizos o tiras de
madera, adornadas con velas de sebo y flores de papel de china o picado,
racimos de rosa morada, margaritas silvestres, avemarías, ninfas o
glandiolos.
Las hermandades
En torno a cada capilla se ha conformado una hermandad para la devoción
a la santa Cruz. Desde semanas antes del cumplimiento del 3 de mayo, que
la tradición judeo cristiana ha señalado para el día de la Santa Cruz,
cada hermandad celebra el número suficiente de reuniones para preparar
los festejos. Los nueve días anteriores a la fiesta se reza el rosario
(novenario). Pero el día de la fiesta de cada capilla se adorna con
esmero, se come, se bebe, se escucha música, dependiendo del estilo y
gusto de cada agrupación.
Cada una de las hermandades está encabezada por oficiales y cargadores
que comparten las obligaciones que les correspondan a sus cargos. Un año
de anticipación ocupa la preparación de cada fiesta, al término de la
festividad nuevos oficiales y cargadores se eligen para los preparativos
del año nuevo.
No resulta extraño que cada capilla traslade la fecha central del 3 de
mayo a otra fecha para mayor lucimiento de sus festejos, para no restar
ni que se le reste a otra cruz o capilla lucimiento.
Las hermandades además tienen encomiendas diferentes.
Recoger las aportaciones para la celebración del año siguiente, s ayuda
a los familiares de quienes mueren en ese tránsito, se contratan danzas,
chirimías o petatillas, la comida y los castillos o cohetones.
La pertenencia a alguna de las hermandades proporciona identidad y es
motivo de orgullo que se transmite de generación en generación.
Para los habitantes de Tonalá hablar de la agrupación del pozo de La
Colorada o de la Cruz Blanca, por ejemplo, donde se dice que fue
celebrada la primera misa de Tonalá, y probablemente del occidente de lo
que hoy es México, es motivo de orgullo y pertenencia: les concede, en
definitiva, una razón propia de ver, vivir, y moralizar la fe que hoy
profesan.
Diecisiete cruces, cada una con su propia congregación, se esmeran en el
fiel cuidado y custodia de la cruz, de la capilla, del agua en primera
instancia.
Los preparativos
(…) El mecanismo de renovación del comité es como sigue: en un sombrero
o canasto se incluyen los papelitos que contienen los nombres del cargo
que va a sortearse. Los números van del 01 al 08. El presidente en
funciones con el sombrero o canasta en mano va invitando a los miembros
de la asociación presentes a que participen en la rifa. Unos aceptan y
otros no. Cuando alguien por fin se decide, toma un papel y, cuando eso
sucede, se arroja un cohete al aire. Se siguen promoviendo los cargos
hasta que todos se asignen. Una vez que todos han sido repartidos, se
procede a la apertura de los mismos y a su lectura en público. Cuando
sale el papel con el nombre de la Santa Cruz, es sabido que la persona
designada será el primer cargador por un año. Otro cargo es el de
comisión, y su poseedor tendrá una responsabilidad de dos años. Se llega
así al final y, una vez que ha sido dado a conocer, se enciende la
ristra pirotécnica.
Acto seguido se procede a rezar la oración por los alimentos que
recibirán invitados o por los responsables salientes. Esta comida está
también normada. Los cargadores primero y segundo aportan el atole. El
tercero y cuarto, el pozole. El quinto y sexto, las tostadas, y el
séptimo y octavo suministran el agua fresca de jamaica, arroz,
tamarindo, limón con chía o de guayaba (antaño en cada congregación, el
sabor era diferente, según característica del líquido extraído de cada
pozo). Al quinto, sexto, séptimo y octavo les corresponde también
proporcionar el castillo pirotécnico el día de la fiesta.
Una vez que todo esto ha sido realizado, los nuevos cargadores entran en
funciones. Para la transmisión de las responsabilidades, los antiguos
cargadores se sitúan de frente a los nuevos y, pronunciando las palabras
de sucesión, se hace entrega de una botella de tequila y, con un abrazo
fraternal, queda consumado el acto sucesorio de entrega de
responsabilidades.
Cómo se inician los preparativos para la fiesta
A las 6:00 horas en la casa de la comisión, mediante la interpretación
de las mañanitas con música de viento que son alegradas con el resonar
de la ristra de cohetes pirotécnicos aventados al cielo. Tras haber
ejecutado algunas piezas, se inicia el recorrido hacia la capilla donde
el resto de los socios están esperando para sumarse al contingente que
recorrerá las principales calles de Tonalá. Si algunos de los socios
está enfermo, el contingente le visitará en su casa, al mismo tiempo que
sigue el recorrido. En algunas hermandades se acostumbra señalar algún
lugar en especial para que en ese punto se realice el acto de entregar
la cruz al nuevo portador.
Las hermandades señalan este lugar en la plaza principal, en la Cruz de
los Misioneros que se encuentra en la esquina de la Clínica No. 93.
Otras lo hacen en el arco de la parroquia del Apóstol santiago, y otra
más en la Cruz de la Sillita.
(…)
Una costumbre arraigada es que en el momento del recorrido de la cruz
por la vía pública, enfermos, madres con lactantes, ancianos, etc., se
hincan para recibir la bendición y agradecer el inmenso don de
permanecer con vida y la alegría de festejar el acontecimiento un año
más.
Otros tonaltecas, al paso de las cruces, arrojan desde sus casas ristras
de cohetes al cielo, al mismo tiempo que esparcen pétalos de flores,
alfalfa y hojas de árbol, a la cruz y a los cargadores, para que caminen
sobre esa alfombra vegetal en reconocimiento y señal de gratitud por los
favores que la Santa Cruz les ha concedido en el año.
Cuando al comitiva llega a la capilla, empiezan a repicar las campanas,
en medio de la algarabía de los cohetes y la bendición a quienes
acompañaron la Santa Cruz en su recorrido. Por lo general, este termina
hacia las 09:00 horas.
(…)
Mientras la banda y los miembros desayunan, otro grupo de ellos se
encuentran en la capilla, engalanándola y decorándola con flores y
arreglos para la fiesta que tendrá lugar esa misma tarde. (…) la
decoración y embellecimiento de la capilla se realiza de las 10:00 a las
14:00 horas. De ahí hasta las 17:00 la comisión y los socios la cubrirán
con una lona para que el sol, candente en esa época, no marchite
tempranamente las flores. Acomodarán después el altar con el cáliz, las
patenas, el purificador, el ornamento del sacerdote, para la celebración
posterior de la Santa Misa, dedicada a los socios fallecidos y, en
especial, en honor de la Santa Cruz.
Acabada la Santa Misa, con la alabanza de : “Dios te salve santa Cruz y
venid los cristianos”, dará comienzo la fiesta popular.
En el exterior de la capilla, sobre la calle barrida y regada, con la
puerta ornada , se van instalando puestos de vendimias; pozole,
enchiladas, buñuelos, palomitas, elotes, etc., el ambiente va llenándose
de alegría y color (…) Las capillas, unas hacia las 23:00 y otras a las
24:00 horas, queman su castillo pirotécnico, para dar fin a la fiesta
con las alabanzas señaladas y las mañanitas.
Entrega-recepción
La fiesta se toma como referencia para señalar el día del acto de
entrega-posesión que se acordó previamente en su víspera, por el que la
nueva comitiva electa tomará posesión de sus nuevas responsabilidades.
Por lo regular se lleva quince días después de la fiesta.
Una vez llegada esa fecha, por la tarde se reúnen los socios en la
capilla. El acto inicia con la interpretación de las Mañanitas por la
parte de la banda, la alabanza a la Santa cruz, y el recorrido hacia la
casa del nuevo cargador, a quien se le entrega la Cruz con las
siguientes palabras: “Fulano de Tal, recibe la Cruz de la hermandad y
todos los socios que me acompañan en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, Amén” (…)
Diecisiete cruces, diecisiete hermandades.
La mayoría de las diecisiete cruces se distribuyen, en la cabecera
municipal, en localidades cercanas o en la barranca. La Cruz Blanca, del
pozo San Elías, La Alberca, La escondida, Castiochepe, Castiogalvan,
Zapote, Arenal, El Zapote, Tateposquito, Misionera, Ocotito, Agua
Potable y la Colorada, en la barranca del Agua Caliente y El Zalate, en
la población de ese nombre.
Una vez por mes se celebra misa en cada una de las sedes, pero los días
de las celebraciones importantes son el 3 de mayo y el 14 de septiembre.
En esas fechas participa casi la totalidad del pueblo. Se recoge primero
la cruz de la Cruz Blanca y los congregantes se dirigen luego a cada una
de las demás para sacar las cruces a la calle. Todas juntas se reúnen
para la celebración de una misa general en la iglesia principal.
Cada una, en mayo, tiene su propia celebración. Una vez por mes se canta
misa en su sede pero los días grandes son el 3 de mayo y el 14 de
septiembre.
La modernidad no dejó escapar las huidles capillas de petates y mantas
coloreadas. Son ahora, salvo una o dos, de ladrillo, cal y cemento.
Damos, a continuación, el nombre de todas y cada una de las diecisiete
cruces que constituyen la totalidad del fenómeno: Cruz del Señor de la
Misericordia.
Cruz de Metal.
Santa Cruz Blanca.
Cruz de la Alberca.
Capilla e Castiochepe.
Cruz de Castiogalvan.
Cruz de la Higuera.
Cruz del Arenal.
Cruz del Agua caliente.
Cruz de la Capilla.
Cruz de la Escondida.
Cruz de la Magdalena.
Cruz del Ocote.
Cruz del Zapote.
Cruz del Pachagüillo.
Santa Cruz de la Sillita
Cruz de San Isidro. Citado textualmente de las
páginas 39 a 53 de “Las Cruces de Tonalá” de Óscar Marrón, Juan José
Álvarez, Érika Ramírez, Lorenzo Figueroa.
Cuadernillos Tepalcate.
H. Ayuntamiento de Tonalá 2004-2006
|